Es todo demasiado loco. Lo digo por el tiempo. De un tiempo a esta parte y haciendo valer la implacable redundancia parece pasar demasiado lento y, a la vez, es como si hubieran pasado un par de decenas de años. El tiempo tiene la extraña facultad de hacerse sentir pesado o demasiado denso cuando la ansiedad devasta nuestro corazón. Pero cuando finalmente estamos dentro de lo que ansiamos, sentimos que todo ese tiempo, lento, pesado y denso no existió. Quizás deberíamos aprender a controlar la ansiedad y no echarle siempre la culpa al tiempo.

¿Sonará el teléfono…?

No sé quién sos pero te conozco hace demasiado tiempo; sin caer en el lugar común de decir: “tal vez en una vida anterior” ¡NO! No diría eso, pero te tengo sentida de otra parte, tal vez no de una vida anterior pero sí de una vida paralela. Tu risa yo ya la disfruté y necesito más, tu beso en el punto justo, tu caricia en el lugar indicado, tu roce que me estremece diabólica y delicadamente, tu suspiro al dormir, tu piel fundida con la mía, el universo todo en tu ombligo desafiante de las constelaciones y la magnificencia de tu pelo. Las ganas de abrazarte que aparecieron cuando me llamaste yo las tenía desde antes de las mismas ganas.

¡Ya suena! ¡Ya suena…!

Yo, en alguna otra parte, ya tuve ganas de abrazarte, sólo que ahora te identifico, tenés forma, tenés voz y tenés letra. Como dice el Noble Iván: “¿En dónde estabas cuando no estabas?¿En qué calles no te crucé?” Cito frases de tipos que nada tienen que hacer acá, pero tiene que ver con identificarse y darle determinada interpretación a lo que dijeron o escribieron otros.

Estoy esperando tu llamado…

¿Tenés idea las ganas que tenía de corporizarte? ¿Tu conciencia es consciente de todo lo que te soñé? ¿No te asusta el hecho de que haya un hombre que piensa en vos las veinticuatro horas del día? ¿Sabías que ese mismo sujeto te ama con locura? ¿Sabés que éste que escribe desea ser tu felicidad?

¡Ya sé! Será un mensaje de texto en el celular ¡Ya lo prendo…!

Ahora que por fin te convertiste en algo tangible. Ahora que me llamás a la mañana para desearme un buen día, siento que no todo fue en vano, siento que el haberme encerrado durante un tiempo como el chico de The Wall, buscando el sol en un agujero del techo, tiene por fin su recompensa. Hoy agradezco cada una de las piedras en el camino. Doy gracias a cada una de las mujeres que me negaron su beso o me dejaron estancado junto al agua de alguna zanja, ya que me hicieron llegar, rebotando contra las paredes del flipper que es la vida, hasta tus ojos, en los cuales hallé la felicidad tantas veces soñada.

¡No! Mejor enciendo la computadora por si llegás disfrazada de correo electrónico…

Yo no sé a qué, ni por qué, ni para qué te presenté a mi yo, pero ahí estás, o mejor dicho ACÁ ESTÁS, y es un muy buen excelente valedero significativo apropiado grato descabellado brillante superfluo imperdible estupendo encantador sublime agraciado revelador conveniente legítimo e insoslayable motivo para descorchar un buen cham-pan y brindar. Brindar por ti, mujer y porque vuelen los ángeles.

Sigo esperando el timbre…

Una vez escuché por ahí que alguien entregaría la mitad de su reino por lograr un objetivo. Mi alma de tahúr me lleva por el “doble o nada”. Mi reino entero por éste presente cada vez menos ausente, por tu risa, por tu abrazo, por tu beso, por tu caricia, por tu roce, por tu suspiro, por tu piel y por tu universo. Mi reino por y para compartirlo con usted, Milady.

Ring… ring… (mi cuñado)

Ya no espero…

Paro un poco, me pongo a pensar y me imagino tu ombligo. Dan ganas de hacer un bolsito con un par de remeras, dos calzones, una media, tres paquetes de cigarros, dos gaseosas y mudarse a ese paraíso; tirarse a la sombra de ese aro prometido y ¡Qué explote la galaxia! ¡Misión cumplida!. Las montañas al norte, deben darle al paisaje una visión que jamás se ha visto en ningún documental de la National Geographic, la humedad la imagino en un 98%, el viento debe de soplar del sur con un aroma a piel mezclado con el perfume sensual de tu sexo refrescando así, los pulmones viciados por el tabaco y el aire del resto del planeta, y la temperatura ¡LA TEMPERATURA! En ascenso, el lugar ideal para dejarse morir. García Márquez dice: “Lo único que temo de la muerte es que no me permita morir de amor.” Y en ese edén ¿Cómo no morir a merced de él?

No sonó, no hubo mensaje de texto, no hubo mail…

No importa. Me voy a dormir. Evidentemente hoy me quedo sin un poco más de inspiración. No hablamos. Será mañana. Mañana estaré vivo nuevamente y más vivo que hoy seguro.

Fernandon A. Narvaez