Buenos Aires, Abril de 2005

Romi:

¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Bien? ¡Buenísimo!

Vos dirás: ¿Y a éste, qué le pasa? Yo te contesto: Nada me pasa, solo que las extraño, a vos y a tu hermana. No lo puedo evitar.

Antes que nada quiero aclararte que está muy lejos de mí el hecho de ofenderte o de faltarte el respeto, espero que esto no lo tomes así, simplemente es el medio para decirte algo que tengo ganas de decirte hace mucho tiempo. Elegí un medio que si bien no es el apropiado es el único que encuentro para decírtelo, dado que la vida, el egoísmo y mi torpeza, siempre juegan en contra de la gente ¿Sabés qué pasa? Después de mucho tiempo he aprendido que las cosas no hay que guardárselas porque se pudren dentro de uno y generan una especie de catarsis interna dentro del organismo que nos hacen derivar en gastroenteritis agudas, cólicos renales, cánceres de próstata, etc. O simplemente, nos quedamos con las ganas de que la gente sepa lo que nos pasa, cuando en realidad lo que necesitamos es eso, que aunque más no sea, “una” persona se entere, y no quedarnos siempre y eternamente, con las ganas de haberlo dicho o hecho.

Empezó Abril otra vez, y como cada año, no puedo evitar acordarme de vos para estas fechas, estás por cumplir 11 años. ¡Once años, Romi! Ya sos una dama, me acuerdo de cuándo te conocí. La tarde de magia, el pelotero de Mc Donalds, vos eras muy chiquita, no creo que te acuerdes, tenías 5 añitos. Estoy por cumplir la módica edad de 35 años y así como me he guardado cosas que ya es tarde para decirlas o hacerlas, también he hecho o dicho otras sin pensarlo (y sin sentirlo), como dice Sabina:

“Por decir lo que pienso sin pensar lo que digo,
más de un beso me dieron y más de un bofetón.”

 

Eso se llama impulso, fui muy impulsivo durante mucho tiempo, luego me volví más calculador, más tarde traté de combinar ambas cosas intentando identificar cada momento y cada gente para saber cómo actuar. Y es como un sube y baja, me ha ido bien, me ha ido mal, me ha vuelto a ir mal y otra vez mal, etc.

En estos casi 35 años he perdido un montón de cosas y he ganado muchas (casi una persona normal) y son justamente las cosas que he ganado que, por más que ya no estén, son las que me mantienen vivo y las que me impulsan. Tu risa, tu abrazo, tus lágrimas, el recuerdo de los juegos. Pero bueno, a esta edad, uno se imaginaba de otra manera, pero gracias a Dios vivimos en este bendito país, en el cual hay gente que no trabaja hace años. Yo estuve sin trabajo estable cerca de 3 años, fue en esa etapa, en la cual perdí parte de mi historia. Pero no te voy a andar contando mis historias tristes, Romi. Y, por ahora, no te voy a hablar más de mí.

Yo quería decirte algo y voy a hacerlo. Y es que en estos tiempos duros que corren y en los cuales tenemos que tener el cachete lo más alto posible, donde todo nos cuesta cuatro veces más, dónde sacarle una sonrisa a alguien se cotiza en dólares y dónde sentirse mimado es un suplicio.

Es verdaderamente grandioso, levantarse a la mañana, salir a trabajar, y que el recuerdo de tus risas y las de Roci aparezcan siempre y me digan: “¡Hola Fer!”

Es altamente digno de ser agradecido, el hecho de haberme ganado tus risas durante no más de 10 segundos. Y te dije que las cosas que he ganado son las que me mantienen vivo, mucho más cuando son tan pequeñitas, una sonrisa, ¡Qué grandioso! Suena hasta paradójico. Pero tiene razón Serrat:

Aquellas Pequeñas cosas

Uno se cree,
que los mató el tiempo y la ausencia,
pero su tren,
vendió boleto de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas,
en un rincón, en un papel o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás de la puerta,
te tienen tan a su merced
como a hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.

Bueno Romi, yo simplemente quería agradecerte eso, si bien sé que no lo hiciste adrede, también disfruté de la espontaneidad y el hecho de que no te hubieras dado cuenta de lo feliz que me hacías, es eso lo que quiero agradecerte: La espontaneidad de 10 segundos por día. ¡Gracias… Totales!

Tal vez algún día nos crucemos, por la calle, posiblemente alguna tarde nos podamos mirar a los ojos, ojalá tengas la oportunidad de decirme todo lo que tengas ganas mirándome a los ojos. Ojalá, posiblemente, tal vez, algún día puedas leer esto. Posiblemente, tal vez, ojalá, no tenga que escribirte más y pueda decirte y gritarte de una buena vez ¡FELIZ CUMPLE, ROMIIIIIII! Tu risa me acompaña todos los días, hoy mi realidad es otra, la realidad de todos es otra, pero nunca voy a estar lejos tuyo, aunque no me veas, quiero que tengas claro que no me fui. Para mí, es como te dije antes: hay pequeñas cosas perdidas que en su momento gané y me hicieron feliz, de esas cosas me alimento a diario, y si bien, hoy, no tengo tu risa, yo Flamingos, me he prometido a mí mismo, cuando estoy un poco triste, acordarme de esos diez segundos que durante alguna mañana me regalaste (sin quererlo)

Te dejo un beso re-grande, perdón por la molestia y la impertinencia. Una vez más y como cada año ¡Feliz Cumple, Princesa! Nunca vas a dejar de ser “mi Princesa”

Fernando A. Narvaez