En el momento que decidíamos ir junto con Iael a verlo a Milton, nos llegó un mail en el cual Milton nos pedía que fuéramos nuevamente al gran salón.

– ¿Cómo llegó mi computadora acá? – Pregunté
– No solo tu computadora. También están aquí todas tus pertenencias incluidos el arco y el carcaj, junto con tu espada.
– ¡Perdón!
– No volverás a tu nube por el momento, pasarás una temporada con nosotros.

Pensé en empezar a discutir acerca del tema, pero decidí que no estaría de más pasar una tiempo sin tener que cocinar o hacer la cama, supongo que mandarán a limpiar la pieza como en los hoteles. Además tenía muchas preguntas a las cuales debía encontrarle respuestas. Y la única forma era quedándome allí.

– Me lavo la cara y los dientes y vamos – le dije a Iael
– ¡No te olvides de hacer la cama!
– ¿Cómo? – pregunté indignado
– Como se hace cualquier cama, primero las sábanas y después la frazada
– ¿No viene nadie a ordenar la habitación?
– ¿Vos te crees que estás de vacaciones en Santa Teresita? ¡Estás muy equivocado! Acá desayunamos todos los días a las nueve de la mañana, a esa hora la cama debe estar hecha
– ¿A LAS NUEVE?
– ¡A las nueve! ¡Vámonos!

Casi como si me hubieran clavado un puñal en el medio del pecho, me lave la cara e hice la cama maldiciendo las reglas. Mientras Iael, jugaba al Buscaminas en mi computadora.

Salimos de la habitación y recorrimos un largo pasillo, iluminado por la luz del sol que entraba por unos grandes ventanales, las paredes estaban vestidas con cuadros en los cuales se veían imágenes de los Arcángeles. La que más me llamó la atención, fue la imagen del Arcángel Miguel en el momento que expulsa a Satán del cielo.

Recordé los cuadros del salón y me dio la impresión de que eran los mismos personajes. Inmediatamente recordé la mirada de Milton. Lo miré a Iael y le pregunté

– ¿Quién es realmente Milton?
– La verdadera identidad de Milton es realmente una incógnita muy grande, hay muchas versiones al respecto, pero lo único que puedo decirte es que no creo que ese sea su nombre.
– No me cabe duda de eso.

Mientras miraba aquella imagen, se me vino a la mente la historia. Recordé nuestra Jerarquía Angélica y las nueve órdenes celestiales girando al trono de la Gloria. En la primer tríada están los Serafines, Querubines y los Tronos. En la segunda o Intermedia, se encuentran las Dominaciones, Virtudes y Potestades. Finalmente está la tercera tríada compuesta por los Principados, Arcángeles y nosotros, los Ángeles.

Con respecto al coro séptimo o Principados, estaban a cargo de las naciones y de las grandes ciudades de la Tierra. Más tarde los límites se expandieron y con ello, las fronteras se tornaron imprecisas. Los Principados ampliaron su dominio y se convirtieron en los protectores de las religiones. Se afirma que Cervill, el Gran Príncipe de la Fuerza, ayudó a David en su esfuerzo por derrotar a Goliat.

En el coro octavo, se encuentran ellos, los Arcángeles. Sin duda alguna, de todas las Órdenes Angélicas ésta es la más famosa. Los siete ángeles que se levantan ante el Señor en el Apocalipsis están representados como Arcángeles. Los nombres de los cuatro primeros seres, son los siguientes: Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel. La lista no es clara en cuanto a los que la completan, pero los otros tres casi seguro salen de los siguientes nombres: Metatrón, Remiel, Sariel, Anael, Ragüel y Raziel.

El Arcángel Miguel es, sin duda, el héroe indiscutido en la primera guerra contra Satán, en un solo combate lo derrotó y lo expulsó del cielo. También es conocido como el “Ángel del Juicio Final” y será el encargado de pesar el alma de los difuntos. Durante la edad media se sostuvo que era él quien acompañaba a las almas, conduciéndolas al otro mundo.

El Arcángel Gabriel, dentro de una hueste masculina y andrógina, puede decirse casi con toda seguridad que es la única figura que se considera femenina en las categorías más elevadas. Dicen que se sienta a la izquierda de Dios, lo que confirma su condición femenina. Las crónicas sugieren que Gabriel fue un ser real en las tierras bíblicas y que experimentó con los genes del hombre primitivo, figurando Adán y Eva como uno de sus primeros experimentos. En alguna ocasión este Arcángel cayó en desgracia por alguna falta leve no especificada y fue desterrado. Su lugar lo ocupó el Ángel Dobiel.

Como el “Ángel de la Curación” o de “La Ciencia y el Conocimiento”, se lo conoce al Arcángel Rafael y, a menudo, se lo asocia con la imagen una serpiente. Es jefe de la Orden de las Virtudes y guardián del Árbol de la Vida en el Edén. Entre muchas acciones amistosas se cuenta que le regaló a Noé un libro de medicina que le proporcionó los conocimientos necesarios para construir el Arca.

Para los que todavía imaginan tiernamente que todos los ángeles son dulces y encantadores, es que no conocen al Arcángel Uriel. Conocido como el “Ángel del Arrepentimiento” es descrito gráficamente como un ser casi tan despiadado como cualquier demonio, al que uno no desearía encontrar en el Infierno. Dicen que expulsará, de acuerdo con su transgresión, a las almas de los pecadores.

– ¡Che! ¿Qué pensás? – dijo Iael, devolviéndome a la realidad
– ¿Eh? No, nada
– ¿Podemos seguir camino?
– Iael. ¿Creés que Milton pudiera ser uno de los Arcángeles?
– ¿Te dura el efecto del alcohol? ¿Querés otra pastilla para dormir?
– Era una pregunta no más

Llegamos a la puerta del Gran Salón, no fue necesario golpear. Milton nos abrió desde adentro.

– ¡Bienvenidos! Los estaba esperando. ¿Cómo te sentís Joani?
– Bastante mejor, gracias
– Iael ¿Cómo has visto a nuestro amigo? – Preguntó
– ¡Muy bien! Solo que no le gusta hacer la cama.
– ¿Cómo? ¿Le dijiste que no hay Mc Donalds? Acá se tiene que cocinar él.
– ¿COCINAR? ¡No! ¡Debe de haber un delivery! – no lo soporté.
– ¿Has visto alguna moto con alas? – preguntó Milton – Pasen, siéntense enseguida vuelvo.

Mientras trataba de digerir las posibilidades de tener que cocinar y hacer la cama, y mientras caminaba por el salón, volví a ver aquellos cuadros. Milton tenía la misma mirada. Si Milton no era uno de ellos, tenía que ser lo más cercano.