Mientras esperábamos a Milton en el salón, Iael quiso saber si tenía alguna noticia en el último tiempo de Germán y Poly. Decidí conectarme a Internet desde la computadora de Milton y levantar la información que había dejado grabando. Y observamos el siguiente video:

– ¿Lo conoce a Germán? – Preguntó Bety
– ¡Sí! Hablamos por teléfono siempre cuando le hago los pedidos – Mintió Poly
– ¡Ay, Poly, lo tendría que conocer personalmente! ¡Es divino!

Bety era la esposa del dueño del lugar donde Germán trabajaba. Fue una de las personas a las que tuve que hacer trabajar para mí. Si bien mis flechas habían, al fin y al cabo, cumplido la misión. Una de las precauciones que había tomado era la de rociar a Bety con polvo de estrellas. El polvo de estrellas lo usamos los Ángeles del Amor cuando necesitamos ayuda de alguien humano, para que trabaje por nosotros mientras no estamos en la Tierra. Bety daba el perfil, era casamentera por naturaleza y tenía un gran aprecio por los dos personajes.

Después de haberme enterado de que Poly no estaba sola, tenía que conseguir a alguien que le hablara demasiado a ella de Germán. Y a Bety, además, le encantaba hablar.

Nunca supo Bety del encuentro de ellos y de la relación que habían empezado a mantener. Era una relación que se planteó de entrada con toda la franqueza necesaria, si bien Poly aquella noche no le dijo nada a Germán, fue lo primero que hizo al otro día. Germán aceptó el juego. Sabía que iba a ser difícil, pero Poly tenía lo que él necesitaba y él había conseguido despertar en ella algo que, ella misma, no llegaba a comprender.

Se escapaban siempre, de una manera u otra ella se las arreglaba para verlo, se habían hecho adictos a sus besos, a sus caricias. Y ambos los necesitaban por sobre todas las gentes. Pero en la mente de Poly se presentaba una batalla más que importante, no podía dormir, no se podía concentrar. A Germán le pasaba los mismo, pero es el estado lógico del enamorado.

A Bety se sumó alguien que no había estado en mis planes, su hijo Esteban. Esteban empezó a intercalarse con Bety en cuanto a las visitas al trabajo de Poly y empezó a trabajar para mí gracias a su madre. Nunca estaba de más contar con participaciones involuntarias. Esteban también llevaba y traía comentarios. Esa situación a Germán y Poly los seducía de manera contundente y la consigna era que no se tenían que enterar de su relación. Se divertían con todo eso.

El punto máximo de su diversión fue el día en que la empresa para la cual trabajaba Germán festejó el fin de año. Esteban le había prometido a Germán presentarle a Poly en esa fiesta. Poly había sido invitada expresamente por Bety.

Germán iba a llegar a una hora determinada con algunos de sus compañeros y Poly lo iba a estar esperando cerca de la entrada. Cuando se cruzaron sus miradas fue tal la cantidad de adrenalina generada y tanto el deseo de abrazarse y besarse que no supieron cómo iban a sobrevivir el pequeño tiempo que los separaba de la presentación de Esteban. ¿Cuánto tardaría este sujeto en encontrarla y presentársela? Germán hacía lo imposible por pasearlo cerca del lugar donde estuviera ella. Y Esteban… no la veía. ¡Tenía que besarla ya! Finalmente fue Poly quien lo encontró a Esteban.

– ¡Germán! Vení que la encontré a Poly – se jactó Esteban
– ¡Dejáme que estoy tomando champagne gratis!
– ¡Trae la copa! – apuró

Fue el momento esperado toda la semana. En sus ojos, cuando se cruzaron, había mezcla de deseo y complicidad y ante la mirada perdida de Esteban sus manos transpiradas se apretaban muy fuerte. Charlaron unos instantes pero Germán y Poly descartaron a mi cómplice… rotundamente.

A los dos minutos, estaban arrinconados y besándose desesperadamente contra una de las paredes del patio del lugar. Pasaron toda la noche juntos entre música y copas, sin enterarse del mundo. Amanecieron juntos entreverados en un duelo de caricias y besos. Sus pieles ya no fueron las mismas, se sensibilizaron tanto que hasta el día de hoy, aunque se tengan lejos, se sientan.

Esteban y Bety jamás se enteraron de aquella relación.”

Era el momento de intervenir en la historia, teníamos que meter manos a la obra y dar un golpe de gracia. Hicimos un clic sobre Poly y ejecutamos la siguiente opción: “Sorprender”

“Ese año para Germán había sido un año normal, un año como el de cualquiera. Complicaciones laborales, problemas económicos, etc. Pero había tenido el agridulce sabor de conocerla a Poly, por un lado sabía que era suya; pero por el otro, contaba con la plena certeza de que no la tenía. Sentía una presión extra y decidió que la mañana del 1º de enero partiría de vacaciones junto con un amigo.

Poly siempre tuvo la capacidad de sorprenderlo, de hecho fue la única mujer que al día de hoy, lo sigue sorprendiendo. Esa noche, la del 31 de diciembre y luego de brindar con su familia y al emprender el regreso a su casa, sintió la necesidad de verlo. Él se iría al otro día y por un tiempo no tendría noticias suyas. Pidió a su familia que la lleven en el auto a recorrer los lugares donde estaban siempre con Germán. Jamás lo encontró. ¡Tenía que verlo!

El micro partiría a las 7.30 de la mañana, Germán y Claudio se encontraban en la terminal una hora antes. Luego de desayunar decidieron subir a ocupar sus asientos. Mientras Germán seleccionaba qué disco iba a escuchar en la primera parte del viaje, Claudio no paraba de codearlo.

– ¡No me rompas las bolas a esta hora! – gruñó Germán sin levantar la mirada
– ¡Dame bola tarado! – gritó Claudio sacándole el auricular y codeándolo insistentemente

Cuando Germán levantó la vista no lo pudo creer. Sintió que una pandilla de Ángeles se le había aparecido en el micro. Poly, luego de hablar con el chofer estaba ahí arriba.

– ¿Qué hacés acá?
– ¡Necesitaba verte! Si no te veía me moría – sonrió Poly

Se bajaron del micro antes de que parta y se besaron eternamente delante de aquel chofer. Después de toda la noche buscándolo había decidido encontrarlo. ¡Y lo encontró!

Para él, fue la prueba final de que ella era cosa seria. Y a la vez, no sabía cómo hacer para que ella se quedara definitivamente con él. Sabía que era difícil, pero en algún momento tenía que suceder, solo había que ser paciente. Lo que sí sabía era que sus miradas jamás iban a poder ser la misma para con otras personas. Que sus sentimientos entre sí, jamás cambiarían. Que ni el tiempo, ni la distancia y mucho menos la gente los podrían cambiar.”

En ese momento se abrió la puerta y entró Milton.

– ¿Charlamos un rato? Hay muchas dudas que aclarar y mucho trabajo que hacer, como por ejemplo: Limpiar el Patio
– ¡Charlemos! Pero quiero ver la cláusula del contrato donde dice que tengo que limpiar el patio.