La lumbalgia me está matando. No sólo por el dolor, sino que además me imposibilita moverme. Pero ¡me harté! Hace diez días que estoy guardado y no lo toleré más. Me escapé de mi casa y estoy sentado en el banco de una plaza cualquiera de la ciudad. Ciudad que tampoco viene al caso, no interesa en lo más mínimo, podría ser la tuya.

El clima para esta altura del año está raro. Es pleno invierno en nuestro hemisferio y se encapricha en que lo sintamos primaveral; lo hace con el único fin de sorprendernos y vestirse con sus ropas habituales de época normal y matarnos con gripes, anginas y demolernos con todos aquellos virus que intentarán aplastarnos, por más antitroyanos que tengamos en el cuerpo.

Sentado en el banco de una plaza te PIENSO mientras juego con las palomas, las corro, las miro volar. ¿Cómo hacen estos bichos para caer en picada hasta “el pan que la gente les tira” (según Calamaro) y no explotar de trompa contra el piso? Te fijaste: levantan vuelo, vienen derecho hacia vos; pensás que ya está todo perdido, que te comés un “palomazo”. ¡Pero no! Las muy zorras, por no sé qué artilugio del destino, tuercen las alas un segundo antes del impacto, te esquivan y vos te quedaste con las manos sobre la cabeza en posición de casco, con la misma cabeza metida en el cuello diez centímetros por debajo del nivel de los hombros, un vientito alado que te resopla en el oído haciéndote “Fiuuuuuuuuuuu” y diez personas, quizás veinte, tal vez una, cagándose de risa de la muy conocida posición “¡Rajemos que hay terremoto!”

Todo por una paloma. ¿Cómo lo hacen? Vos dirás: “Son palomas trabajando de palomas”. Y yo te digo: “¿Por qué carajo te empecinas en tener razón?” y lo peor “¿Por qué cuernos la tenés?”. Entonces me doy cuenta, mientras me descontracturo de la posición antes citada: “¡Claro! Si son palomas”

Aparcado en el mismo banco de una plaza te SUEÑO. No me gusta esa palabra, “Aparcado”. No sé por qué la escribo, recursos literarios tal vez, pero me suena a Parca. Parca = Muerte = Defunción = Fallecimiento = Expiración = Caput = Estirar la pata; o sea, podría decirse ¿“Amuertado”? ¡Espantoso! Probemos: ”Amuertado en el mismo banco de una plaza” ¡Horrible! Busquemos sinónimos. “Estacionado en el mismo banco de una plaza” ¡No! ¿Qué soy un auto? Por más que me sienta un Fórmula 1, la lumbalgia me escupe a la cara que estoy más cerca de un simple Fiat 600 modelo ’68. Pero se trata de no andar poniéndose en evidencia.

Lo intenté, pero a esta altura me parece que lo mejor va a ser que abuse de la implacable redundancia.

Sentado en el mismo banco de una plaza te CORPORIZO y juego con tu cuerpo en mudo silencio silencioso corporizándote y haciéndote tangible para tocarte mentalmente en mi mente. Te beso los labios que me labean, los ojos que me ojean, las orejas que me orejean y el cuello que me cuellea. Te beso los pies que me pisan, las manos que me manean, los brazos que me abrazan y los codos que me codean. Te beso la rodilla que me rodillea, los muslos que me muslean, el ombligo que me ombliguea y un pecho que me pechea. Mentalmente, con la mente que tengo en el cerebro que está en mi cabeza, me doy cuenta que con mucha o poca redundancia, no sólo te beso con mis besos, sino que mi mano juega, mi mano derecha me entretiene, te entretiene, nos entretiene. ¡Ay, mi mano derecha!… ¡Ay manito, manito derecha!

Sentado en el mismo banco de una plaza, mi mano derecha te escribe en esta hoja ¿Qué pensaste?

Sentado en el mismo banco una plaza te BORRO mientras maldigo a la maldita fuerza de gravedad que conspira contra mi lumbalgia arrojándome la lapicera al piso. Cuando me estiro para alcanzar la birome siento que la distancia que me separa de ella, es similar a la que me separa de vos. Pero una vez alcanzada, ya con el bolígrafo en la mano. Pienso en cuánto disfruto de mi lapicera. Mientras te escribo me doy cuenta que la distancia no sería tan grande si cuando te tenga al lado mío puedo disfrutarte de la misma manera por más dolor en la espalda o en el corazón.

Sentado en el mismo banco de la plaza te PIENSO te SUEÑO te CORPORIZO y te BORRO te CORPORIZO te SUEÑO y te PIENSO. Todo para no extrañarte. Jugando a ser paloma para alcanzar tu cintura, tu boca, tus pies. Paloma que no busca aparcarse o “Amuertarse”, sino estacionarse en tu pecho y en tu vientre. Paloma que sin temor a ser redundante te grita, te dice, te avisa, te canta y te notifica que te quiere te quiere te quiere te quiere y que te quiere.

Sentado en el mismo banco de una plaza me doy cuenta que el sol se suicidó. Como dice La Vieja: “¡A la noche refresca!”. Salí con todo lo aconsejado por ella: la llave y el pañuelo, en cambio no pasó lo mismo con la campera. ¡Uy! Tampoco llamé cuando llegué.

Me vuelvo a casa, no vaya a ser cosa que sea un lumbálgico con gripe.
Me vuelvo a casa, no sea que por casualidad me convierta en un engripado con lumbalgia.
Me vuelvo a casa pero no por eso voy a dejar de pensarte soñarte corporizarte borrarte corporizarte soñarte pensarte.
Tal vez algún día pueda tenerte.
Tal vez me lleve el banco a casa.

Fernando A. Narvaez