Mi vida es normal, como la de la mayoría de la gente normal. Trabajo normalmente y cuando queda tiempo, normalmente poco, me distiendo y salgo con mis amigos normales o veo un poco de televisión no tan normal en casa. Tal vez me vaya al cine como cualquier persona normal.

Ayer me levanté como siempre

Una mañana normal a la hora normal; me puse de pie. Normalmente lo primero que pongo en el piso es el pie derecho, el suelo estaba frío de manera normal para este invierno normal. Busqué a tientas mis pantuflas normales que estaban en cualquier parte, en el lugar de siempre, en el normal; aunque fue complicado encontrarlas porque a esas horas el sueño era normal.

Desayuné normalmente, me duché de manera normal. Me puse mi ropa normal, pantalón negro y camisa negra normal. Fui hacia mi trabajo de siempre, el normal de todos los días normales.

Esa mañana fue normal, pocos clientes normales (situación más que normal), almorcé a la hora normal mi sándwich normal acompañando, claro está, por un café normal.

La tarde se presentaba normal. Se esperaba el aluvión normal de gente. Hasta que entraste. Tus ojos no eran normales, me sacaron de toda normalidad y prometiste volver al otro día. Tu mirada me hizo ver de otra manera. Me sacó de toda normalidad.

Hoy me levanté distinto, de muy buen humor. Vi las cosas de otra manera.

La mañana se presentaba clara y fresca. La hora daba igual, tal vez las seis, quizás las siete. Cuando apoyé mis pies juntos en el piso, noté que éste no estaba tan frío. Mis pantuflas verdes estaban en su sitio, al costado de mi cama y no me sentía con sueño ya que había dormido verdaderamente bien.

Tomé unos mates que, aunque amargos, saboreé muy dulces. Me fui a disfrutar de una buena ducha, sintiendo el agua tibia que me arrancó todas las “normalidades” de cuajo. Al salir noté que mi ropa no era la adecuada, cambié el monótono negro por una chomba beige y unos jean azules.

Me fui a disfrutar de mi trabajo.

Ayer prometiste volver. Fui a almorzar y pedí una milanesa con papas, la acompañé con una gaseosa. ¡Espero que la tarde sea distinta!

Ayer prometiste volver y lo hiciste. Tus ojos volvieron a mirarme y disfruté de las “anormalidades”

¿Vamos a tomar algo? ¡Listo! Paso por tu casa cuando salgo de acá.

Después de tus ojos no hay nada más normal.

Anuncios