Finalmente y después de mucho divagar sin sentido, tomamos la determinación de que el mejor lugar para ver qué pasos seguíamos, era el Castillo. No solo porque ahí teníamos nuestras computadoras sino que además contábamos con la gran biblioteca del lugar que contenía muchos volúmenes sobre historia angelical y, además, había mucha historia de los hombres en ella. Por otra parte no estaría demás pedirle ayuda a Milton si es que éste estuviera disponible.

Preparamos unos mates y llamamos a “Torta Frita Express”. Si bien en nuestro mundo jamás llueve ya que estamos más allá de las nubes, al poner Crónica TV vimos que en Buenos Aires llovía a cántaros.

¡Qué buen día para comer tortas fritas! – exclamó Iael – llueve en la Tierra

No lo dudamos. Pedimos una docena y la acompañamos con otra de pastelitos, mitad batata, mitad membrillo.

Germán y Poly habían adquirido cierta autonomía. Después de aquel llamado el día de Pascuas, habían vuelto a hablarse en un par de ocasiones más. Aunque faltaba la decisión de encontrarse. Esta vez sería un poco más sencillo juntarlos, ya que contaba con las “Flechas del Amor” de Iael.

Los Ángeles del Amor, en cada una de nuestras misiones, tenemos un número de flechas limitado que va incrementando o disminuyendo en cada trabajo según nuestra efectividad en la tarea anterior, el mínimo es de seis saetas. Si bien mi primera misión, finalmente, fue desastrosa, la academia decidió mantenerme el número y no quitarme ninguna. Mis seis flechas, sumadas a las de Iael, daba un total de doce tiros, lo cual era más que interesante.

No teníamos muchas opciones debíamos bajar a la Tierra para provocar el encuentro, pero no lo hicimos directamente hasta el suelo. Después de tomar mate y comernos más de la mitad de lo pedido; cada uno tomó su arco, las flechas, el carcaj, sincronizamos los relojes y cada uno tomó su handy.

Iael viajó rumbo al barrio de Villa Urquiza donde vivía Germán. Yo tomé el camino del Barrio de Caballito, allí paseaba su belleza Poly.

En este caso las flechas no tenían que impactar juntas, la de Iael debía clavarse en el pecho de Germán tres o cuatro segundos antes que la mía en el de Poly. Esto era para que El muchacho hiciera la propuesta y ella tuviera tiempo de responder. De lo contrario corríamos el riesgo de que ella respondiera a una pregunta jamás formulada, esto podía tener consecuencias que es imposible saber a dónde podían llevarnos. Si ella decía “Sí” o “No” a algo que Germán ni siquiera había preguntado, él le hubiera dicho “Sí qué” o “No qué”, “¿Cómo qué? ¿qué me preguntaste?” “Nada te pregunté” “¿Vos me estás diciendo que estoy loca? Ahora resulta que yo te escucho y vos no hablás” “¿Quién dijo que estás loca?” “Me das a entender eso” “¿¡YO?!” “¡Sí, vos!” “¡Estás loca Poly!” “¡Andá a cagar, Germán!” Línea muda. Como siempre y más que nunca deberíamos ser precisos.

El llamado de Germán se hizo en el momento justo y nuestras flechas salieron disparadas cual reloj suizo. Primero la de Iael, y dio en el blanco, el corazón

– ¡Quiero verte, Poly! ¿Qué te parece si nos encontramos?
– No sé Germán, me parece que no es el momento.
– Si los dos sabemos que queremos hacerlo, no me digas que no porque te conozco demasiado y eso, también lo sabés.

Era el momento de mi tiro, calcé la flecha y tensé la cuerda. El viaje de la saeta fue limpio, se deslizó en el aire como si este no existiera y mucho menos el viento. La flecha rompió el pecho de Poly y estalló en amor.

– ¡No puede ser que me conozcas tanto! – dijo Poly con una sonrisa enorme en los labios
– ¡Decime cuando!
– El Domingo te parece bien a eso de las siete de la tarde
– Me parece bárbaro –

El lugar que decidieron fue la esquina de Rivadavia y Boyacá, al consultar nuestra guía barrial nos dimos cuenta que era el barrio de Flores. La emoción nos embargó, estaríamos en el mismísimo barrio del “Ángel Gris”. Ojalá pudiéramos verlo.

La primera fase de la misión estaba cumplida. Nos merecíamos un aperitivo.

– Joani, ¿Quedaron tortas fritas?
– Quedaban un par de pastelitos.
– Vamos a liquidarlos y después qué te parece si tomamos unas cervezas en el Mignón del Ángel para celebrar, todavía tenemos un par de días hasta que se encuentren
– Iael, sabés perfectamente que hay cosas que ni tenés que proponerlas.

Allá fuimos, pero lo que encontramos nos liquidó.

-¿Cómo se les ocurrió hacer lo que hicieron? – la voz de Milton era tan grave que estalló en el silencio como una explosión de temor.
– Nos pareció lo mejor – dijo Iael
– ¿¡LO MEJOR!?
– Primero teníamos que hacer que Germán y Poly se encuentren y lo hemos logrado –dije
– ¿Quién está hablando de esos dos?
– Perón, Milton ¿de qué estamos hablando?
– ¡NO ME GUSTAN LOS PASTELITOS DE MEMBRILLO Y ES LO ÚNICO QUE ME DEJARON! Los metería en las mazmorras.
– Tiene razón Milton, no nos dimos cuenta. Lo invitamos a tomar unas cervezas.
– Eso no va a venir para nada mal, pero si alguno de ustedes se emborracha va directo al calabozo. ¡Vamos! Y pónganme al tanto de cómo va la misión.