Lunes 5 de septiembre de 2005, me desperté a las 7 de la mañana a fuerzas de ladridos de Toby, el can que me acompaña en mis noches de desvelo hace poco más de diez años; el tipo está grande ya y le agarraron las "cosas de viejo", ladraba para que le alcanzaran el agua, su pata semi-artrósica lo tiene mal acostumbrado.
Decirte que ya no me pude dormir está de más. A diferencia de la mayoría de los humanos normales del mundo en esta oportunidad, mi semana comenzó el sábado pasado y termina recién el jueves. Quise volver a dormirme pero el vicio es más fuerte, decidí ponerme a escribir.
Pensé: "Es una buena hora de un buen día en el mejor mes de hasta ahora el mejor año para escribir el texto más brillante de mi vida". Quería escribir el relato que me catapulte a la fama descabellada como el escritor novel más deslumbrante de la historia. Tomé mi birome encontrada en el colectivo y mi cuaderno.

Mi mano se quedó dura, no salió nada. Rigidez absoluta en mis dedos. En mi cerebro las ideas corrían desaforadas, pero fallaba en el armado. No pude hilvanar una puntada hecha y derecha, como realmente tus ojos se merecen. Pensé en las musas o mejor dicho, en mi musa. Y me trabé del todo, la musa muchas veces no me inspira, en la mayoría de los casos me hace pensar demasiado en ella y mi cabeza se cuelga en universos líricos, y fantasías oníricas de tiempos compartidos, abrazos, besos y proyectos en común. Tal vez podría escribir sobre eso ¿no? ¡No! Mejor no, eso lo dejo para compartirlo con ella. Con vos.

Tengo una frase como para empezar ese relato y la escribo: "Los ojos del dragón lo observaban desde más allá de las montañas gemelas de aquella tierra yerma" ¿Y ahora? ¡Nada!

Recién mencioné la palabra "Fantasía" y me cuelgo con ella, según la Real Academia Española es la facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible o de idealizar los reales. Demasiada fría la definición para mi humilde gusto. Para mí, fantasía son tus ojos que aunque sin verme me miran cada mañana. Fantasía son tus manos que mecen mi cuna para que duerma en ella. Fantasía es un beso tuyo, inesperado y cómplice, en mi mejilla. Quizás fantasía sea imaginarme a Enzo o a Nayla o a Martín jugando en tus brazos, riéndose con vos. Seguramente fantasía es imaginarte dándole el pecho e imaginarlos en una comunión sagrada y sublime.

Ya son las 9 y nada, che. La factoría de cenizas ha encendido sus máquinas hace un rato. El depósito de las mismas comienza a llenarse y recuerdo que debo dejar de fumar.
Finalmente las incoherencias comienzan a salir en forma de relato que nada tiene que ver con nada y va saliendo esto que estás leyendo. No hay posibilidad de que lo disfrutes, ya que no dice absolutamente nada. Son solo cosas sueltas que no tienen un hilo que las una. Pero ahora no puedo para de escribirlas.
Toby finalmente después de su agua, se ha callado y descansa. El hijo de puta me despertó y ahora duerme. ¿Y si le pego una patada? Mejor no… no se lo merece, me ha acompañado en los peores momentos de mi vida y fue el único que siempre movió su cola al verme. ¡Mejor seguí durmiendo porque te mato!

Voy a poner música para ver si puedo escribir algo digno. Obvio que pondré a Bunbury para que me recuerde los imposibles por conceder. Voy a agarrar tu foto para mirarte un poco e imaginar que me mirás con esos ojazos. ¡Ahora sí! Está todo en condiciones. Bunbury de fondo, tu foto, Toby durmiendo y gracias a dios callado, los cigarrillos, el cuaderno, la birome y mi corazón. Todo listo para conmover masas, para herir sentimientos, para provocar sueños, para generar fantasías. Ya arranco y vas a ver. Suena el celular, es un mensaje tuyo dándome los buenos días, y al carajo con el arranque. ¡Nada! Solo incoherencias.

Pero aunque no lo creas ya aprendí como funciona este mecanismo. En el momento más inesperado explota la bomba y todo cambia, mi mano empezará dar vueltas alrededor de un carrusel mágico y soñado. Evidentemente no es el momento. Lo bueno es que no siento la presión de hacerlo con lo cual es un alivio. Voy soltar todo y largarme, como dice Silvio, y esperar que llegue el momento.
Sólo voy a aprovechar la oportunidad para expresarte de manera categórica todo lo que mueve mis instintos: tus ojos tu risa tu voz tus lágrimas tus besos tus manos tu amor mi amor el silencio compartido las escenas programadas la fantasía la alegría la tristeza la pelea la reconciliación mi esperarte tu esperarme tus milanesas con fritas mi vinito que había mi película elegida tus buenos días mis buenos días nuestras buenas noches mi omitir las comas porque quiero decirte todo junto y no me acuerdo cuántas cosas más. Seguramente algo me olvido. ¿Me ayudás a recordar?

Fernando A. Narváez