… sientas que el odio tiñe mi garganta. Regálame una sonrisa.
… creas que la hipocresía invade mi boca. Devuélveme una bofetada que me ubique en mi lugar devolviéndome la sinceridad.
… veas que la omnipotencia se adueña de mi alma. Recuérdame lo frágil que soy y explícame que yo solo no puedo con todo.
… el maltrato gane mi conciencia. Bríndame un beso.
… el rencor se apodere de mi ser. Exorcízame con una risa y revive en mi mente los buenos momentos vividos con y por, el motivo de mi rencor.
… la tristeza pinte mi alegría. Obséquiame tu palabra susurrante en mi oído junto con la mentira más bella del mundo y dime que: Todo va a estar bien.
… me veas paralizado. Grítame fuerte que me abandonas y correré a buscarte.
… la enfermedad del mundo quiera tomarme por asalto. Dame en un gesto todo tu brillo.
… la ceguera impuesta por el desvarío no me permita ver. Sé mis ojos y explícame la belleza que la distracción no me permite ver.
… veas a la impotencia presente en mi cuerpo. Desátame las manos con un soplido de tu alma.
… la incompetencia pretenda mostrarme su competente idoneidad. Demuéstrame que no es tan malo volver a empezar, llévame al punto de partida y arranca junto a mí cuando la luz esté verde.
… el desamor y la decepción pretendan mi cabeza. Háblame de mi corazón y del tuyo.
… el negro. Revoléame un rojo.
… un gris. Escúpeme un amarillo.
… me quede sólo un peón. Hazme saber que eres mi Dama.
… el alquitrán y la nicotina del gran cigarro que es este mundo opaquen mis pulmones. Corporízate en mi eclipse, encandílame.
… el miedo me inmovilice. Párate al lado mío y camina de mi mano.
… la sombra carcoma mi esperanza. Ilumíname con tus ojos en dirección contraria a la luz que la proyecta.
… la muerte venga por mí. Prométeme que vas a intentar ser feliz, ya que si llegas a estar en el momento de mi muerte junto a mí, moriré siendo muy feliz.

Del mismo modo yo: te regalaré mi caricia Te devolveré una bofetada en el momento justo. Te recordaré que somos frágiles y que si no estamos juntos no podemos con todo. Te brindaré un beso. Te exorcizaré con mi sonrisa para recordarte los buenos momentos. Te devolveré en un susurro que: Todo va a estar bien. Te gritaré fuerte mi abandono para que me sigas. Te obsequiaré en un gesto mi humilde brillo. Te recordaré aquel momento en el cual, llorando, nos dijimos que nos amábamos. Seré tus ojos y te contaré de lo bello que es este mundo con una habitante como vos. Te desataré las manos. Te llevaré al punto de partida para que arranquemos juntos. Te hablaré de nuestros corazones. Te daré rojos, amarillos, verdes y violetas. Seré tu Rey si me dejas. Te encandilaré. Caminaré de tu mano. Dispararé luz en contra de la que provoca tu sombra. Y en cuanto a la muerte… como dijo algún poeta por ahí y, sin temerle al egoísmo que pensando en ese momento me invade, ojalá mueras vos antes, ya que de esa manera no tendrás que volver sola a casa. La soledad, por favor, déjala para mí.

Fernando A. Narvaez