Hoy no es lunes, ni siquiera 5 y mucho menos de Septiembre. Es jueves 24 de noviembre y falta un mes para navidad y un mes y una semana para año nuevo. El tiempo es veloz, afirmaba David Lebón y lo reconfirma con lo esencial de tu vida. Hoy Toby no me despierta a las 7 de la mañana, el vil can lo hace a las 6. Luego de amenazarlo con dibujarle un zapatillazo en el medio de la frente decido que lo mejor va ser darle el agua que me pide porque no quiero ir preso por perricidio o canicidio, porque además iría preso por matricidio y luego cuando venga la policía a por mí, me convertiría en policida y así sucesivamente hasta quedar solo en el planeta y llevar a cabo un malditoduendecidio. Mejor le doy el agua que me pide y trato de acostarme otra vez.

Acostado y empezando a contar ovejas nuevamente intento dormirme, el caso es que las ovejas ya están festejando el año nuevo ovejeril y pasan con fuegos de artificio y con botellas de champagne en la mano gritando, con bonetes y silbatos en la boca. ¡Falta más de un mes!

Pienso en cómo estaba mi vida el 5 de septiembre y como esta ahora y noto que ha cambiado significativamente, hoy estás más cerca de mí y tu piel late cada vez más dentro de la mía. Tu tacto se hizo carne y en tu ombligo veo como confluyen las constelaciones. Tauro se une en nuestras lenguas y somos víctimas de los besos más largos que jamás hemos dado. Miro al techo. ¿Cuántas vueltas dará el ventilador en un minuto? ¡Voy a buscar el manual para ver si dice las revoluciones por minuto!

Hoy siento (dos meses y algo más tarde) que Martín y Nayla están más cerca. Ya han preparado las valijas y esperan el tren que los traiga a nosotros. Doy un par de vueltas en la cama y, como siempre, tengo necesidad de escribir el texto con la martingala para conmover masas en lágrimas de emoción. ¡Esta vez lo lograré! Ahí voy. "Los ojos del dragón lo observaban desde más allá de las montañas gemelas de aquella tierra yerma"… otra vez lo mismo y… nada.

Hace dos meses y algo nos besamos por primera vez y todavía siento las chispas de nuestros anteojos en mi frente, después de ese beso torpe y conmovedor. En mi piel late cada segundo tu roce tu beso tu lengua tu piel. Toby duerme otra vez. Como siempre me despierta y después se pone a descansar de la fatiga nochera en la que persiguió gatos desesperado, amenazante, sólo para que cuando los alcance mirarlos, bajar su cabeza al nivel del mar y moverles la cola buscando jugar con ellos. Los gatos lo miran y piensan para qué cuernos los corrió ladrándoles.

Me voy a buscar un café con leche. Tengo ganas de fumar y mejor que sea con la panza llena porque si no me cae como una bomba, de humo, claro. Ya son las 7 y no hay caso. No duermo. ¿Cometeré el tobycidio?
Tus ojos me sobrevuelan, me llueven de estrellas y yo sin paraguas. Nunca lo usé y no voy a empezar ahora, me lo olvido en todas partes y Toby duerme.

Como siempre las incoherencias salen, surgen y se plasman en las teclas del teclado que lo transporta al monitor que hace de pantalla y que me hizo conocerte y prometerte que te traería hasta mí y que me seguirías. Te amo y lo sabés amo tu compañía amo tu valentía amo tu compañerismo amo tus ojos amo tu piel amo tu estar amo tu estar no estando amo mi vida mejorando a cada momento en función de este amor que crece parejo y de a dos amo nuestros proyectos amo mi vida amo la tuya amo la nuestra amo mis sueños amo los tuyos amo los nuestros amo sólo amo y amo y vuelvo amar este escribir sin comas para decirte todo junto y de un tirón.

Bueno. Te dejo. Sólo por el momento. Toby quiere comer ahora y no me deja ni escuchar música. Le voy a dar de comer antes de dibujarle la zapatilla prometida.

Fernando A. Narvaez
Arreglos y dirección: PAME