A vos, que con tu omnipotencia te diste el gusto de abandonarme.
A vos, que se te antojo tirar por la borda una larga amistad.
A vos, que decoraste con silencio ocho años de nuestra vida.
A vos, que volviste a vivir como lo hice yo sin que nada hubiera pasado.
A vos, que fuiste mi primer llanto de amor.
A vos, que por orgullo nunca quisiste mostrar tus verdaderos sentimientos.
A vos, que cuando la vida te golpeó duro me encontraste en el mismo lugar en el que me habías dejado.
A vos, a quien le comenté mi promesa de no volver a llorar por una mujer.
A vos, que manifestaste que durante el tiempo que pasó siempre te habías acordado de mí.
A vos, que supiste ser la mujer de mi vida y me creíste.
A vos, que me diste dos motivos nuevos para llorar ante el nuevo abandono.
A vos, que has vuelto a vestir de ausencia y silencio nuestra vida.
A vos, que me conocés y sabés que te conozco como nadie te va a conocer jamás.
A vos, que me hiciste saber que por llorar de amor no dejé de ser hombre.
A vos, que tuviste el honor de dejar ir dos veces a la persona que más te amó en tu vida.
A vos, que por orgullo, otra vez, escondiste tus sentimientos y nunca manifestaste el dolor que provoca el fracaso en una pareja.
A vos, que no vas a poder decir jamás en tu vida que yo no hice lo necesario, aunque más no sea, por mantener el contacto.
A vos, que te empeñaste en desaparecer de mi vida como si veinte años realmente no fueran nada.
A vos, que con tu reiterado y caprichoso abandono, me empujaste a mi presente donde encontré la felicidad abosluta.
A vos te digo. ¡Sí! A vos. Que sólo yo conozco el disfraz que vestís. Que por más esfuerzo que pusiste y ponés a diario para seguir desapareciendo, no lográs desaparecer de mi vida ni yo de la tuya. Porque insistís en volver sin saberlo. Volvés y es contra tu voluntad. Anoche has vuelto y estabás tan jodida y radiante como siempre. Anoche… como tantas veces… ¡Apareciste! Te viniste a mi sueño.

Fernando A. Narvaez

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