En su ombligo descansan los huracanes, haciendo de éste, su propio ojo y confluyendo hacia su centro y desvaneciendo su existencia.
Su boca contiene todos los sabores interestelares y terrenales habidos y por inventarse.
Su pecho late amor lácteo y alimento para hijos sedientos de existencia.
En su vientre anida la vida y la perdición de los hombres, experimentados y novatos, que entregamos nuestro honor y nos sometemos a los placeres y flujos por él provocados.
Manos de pasión, manos de amor, manos de alma, alma en las manos, amor en sus palmas y pasión en sus dedos para marcarnos el paso, para señalarnos el camino.
Cabellos del sol, de las dunas, de las playas y de las olas en cada movimiento ondulante para enredarte, para tentarte y para poseerte.
Sus ojos emanan lágrimas, lluvias derramadas por amor, por desesperación y por pasión sin límites.
Pies descalzos haciendo surcos en vidas de sus propias vidas.

Madres, hijas, hermanas, sobrinas, tías, abuelas y amigas.
¡Mujeres!
En cada mujer anida la belleza.
Belleza que sin temor a equivocarme es un derecho adquirido de cada una por su propia naturaleza.

 

Fernando A. Narvaez
Gracias Kutumancia por tamaño gesto (click en su nombre)
Feliz cumpleaños bien, pero bien enorme para Shely