Tengo un sueño en una mano y en la otra una ilusión. Mi sueño se ilusiona sabiendo que la ilusión está tan cerca. Mi ilusión sueña con mi sueño atrapado no muy lejos.

Desde mi mano izquierda, intenta saltar el sueño buscando a su amiga la ilusión. Por su parte ella intenta sumergirse en la dermis de mi palma derecha para viajar por dentro mío hasta llegar al sueño e ilusionarlo.

Mi corazón es el árbitro, el juez, el mediador. Sabe que no tiene opción, el sueño y la ilusión van de la mano y deben vivir juntos. Pero al corazón, a veces, lo gobierna el cerebro y la cabeza está dispuesta a que no se cumplan los deseos de éstos dos.

Sueño que quiere cumplirse por medio de la ilusión
Ilusión que vive del sueño y su imaginación.
Corazón que no entiende de los mecanismos del cerebro.
Cerebro que se interpone mediante el miedo, el carcelero.

Miedo que paraliza, que inmoviliza, que vulnera y que penetra. Corazón que es más fuerte que la presión de mis manos y que la inversión de fuerzas mentales del cerebro.
Mano izquierda vulnerable y cómplice del sueño que vuela y ataca al miedo con una dosis de deseos por cumplir.
Mano derecha inconsistente que libera a la ilusión, haciendo estallar al corazón en el pecho con palpitaciones crónicas de quimera alcanzables.

Manos que estallan. Ilusión y sueño liberados. Corazón conquistado. Cerebro y miedo atacados por todos los flancos y siendo obligados a ceder. Y yo.
Yo mismo con mis ilusiones, mis sueños y mi corazón.
Y vos que sos la fuerza que me asiste hace siete meses y no me permite ser otra cosa que no sea Yo.

Fernando A. Narvaez
El Dragón es de Ciruelo

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