Ahí estábamos ambos, en el ocaso de la vida. Lo llamo así porque hace unos meses no imaginábamos la vida sin nosotros. Yo sin vos o vos sin mí, da igual. Yo mismo era incapaz de imaginarme en los brazos de otra mujer.

Y acá estoy, en la soledad de tu ausencia escribiendo el testamento de mis ilusiones. Miro mi cuerpo y no hallo mi piel, se fue en tus manos ¿Cómo se hace para vivir despellejado? ¿Cómo es que la vida se me plantea sin tu abrazo? No lo entiendo.

Era todo lujo: risas, besos y abrazos. Hoy es miseria: lágrimas, ausencia y el recuerdo de ese auto en el cual, hablábamos de nada provocando un eterno silencio, porque estaba todo dicho. Los dos sabíamos que ni bien te bajaras el portazo sería el final. No querías, no quería, pero no había opción. Las cartas estaba echadas y las lágrimas se agolpaban reprimidas.

Sólo un abrazo final nos faltaba para cerrar la historia y… no lo dimos. Quizás por evitar el recuerdo de la piel fría con la piel helada. Tal vez sabíamos que era el abrazo que jamás habíamos imaginado, el menos planeado. No nos besamos porque el último beso era el que no sabíamos dar.

Y vos que abrís la puerta y yo que no peleo por cerrarla, y el ruido del final, el portazo que mata, que condena a vagar por este mundo en ausencia de latidos.

Un ente. Eso soy, a eso quedé reducido. Y vos que te ibas con esa silueta que tanto dibujo en mis noches con sueños no proyectados en pantallas que jamás existieron y mis lágrimas, y quizás las tuyas.

Y la pena, y el dolor, y la sinrazón y dedos que duelen cuando tipean y manos que se quiebran cuando escriben. Y el amor escondido, y el amor dolorido, y el amor consumido y la esperanza… esperanza acobardada, esperanza acovachada condenada a errar con mi alma y con tu ausencia por dondequiera que vayas.

Y yo con mis letras que te dibujan, te escriben, te acarician, te besan y te extrañan.
Y yo con mis discos de Sabina, de Bunbury y las canciones que nos duelen porque nos recuerdan.
Y el testamento de pasiones consumidas que le dejo a las almas mas dignas de ellas.
Y el legado de ilusiones derrotadas arrojadas al viento para quien se sienta merecedor.
Y la cesión de este amor acabado para el que sueñe con que el amor es eterno.
Y el donar alegrías soñadas e inventadas a algún corazón triste errante por el mundo.

Y yo sin vos. Y yo sin mí. Me fui con vos aunque no quieras, te llevaste lo mejor de mí, aunque lo peor me lo guardé y es lo que soy, es lo que tengo.
Eso no se lo dejo ni se lo deseo a nadie.

Fernando A. Narvaez
Pintura: Susana Bonet

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