A Matías Beverinotti

"La locura nunca tuvo maestro"
(Héroes del Silencio)

Un enjambre de palomas que vulneran nuestros sueños.
Una jauría de abejas libando nuestras esperanzas.
Una manada de perros levantando sus patas sobre nuestras almas olvidadas.
Otra bandada de peces naufragando mares de sirenas encalladas.
Un tropel de dinosaurios corriendo en estampida a lo largo de nuestras islas perdidas.
Una plantación de elefantes pisoteando lo que queda de nuestra alegría.Un mono enorme lloviendo mierda de su culo sangrante sobre nuestras cabezas.

Mi cuerpo y nuestros cuerpos que se balancean en los bancos de este loquero. Ése balanceo contínuo hacia delante y atrás, que nos tira de frente al piso.
Las cicatrices en las frentes son como las muescas en la celda del preso que cuenta los días sin su amada.

Camisas blancas acordonadas a la espalda por todos lados. Igual que la mía que no me libera. Los otros locos me miran, me escupen e intentan patearme; a veces me hablan. Y yo que los miro, los escupo e intento patearlos; a veces, también, les hablo.

Y el Loco de la Calesita. Y el Loco Enrique. Y el Loco Palermo. Y Juana la Loca. Los locos de Buenos Aires. Y el Loco Gatti. El loco con el melón en la cabeza y sus banderitas de taxi libre, antes en sus manos, hoy en el piso a su izquierda, por su camisa blanca atada a su espalda.
Todos juntos en enjambre, en jauría, en manada, en bandada, en tropel y en plantación. Todos juntos cagados por el mismo mono que se disfraza de cordura. Todos juntos balanceados y la locura "acicatrizada" que se estampa en nuestra frente por culpa de las mismas camisas blancas que nos visten, nos roban las manos y nos limitan.

Fernando A. Narvaez

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