Filete“¡Jueves 19 de mayo por la noche! Es una buena oportunidad para sacar a pasear soledades e intentar envenenarlas con un café bien negro y con una buena dosis de compañía extraña, de esa que no conocemos y de la cual nos hacemos cómplices. Si eso no resulta, canjeamos el pocillo de café por una cerveza y cargamos contra las soledades nuevamente.”

Hace ya casi un año que escribí el texto que tiene como primer párrafo eso que está escrito arriba con cursivas y entre comillas. El texto se llama Recuerdos y tiene que ver con las cosas que tengo en la memoria acerca de mi niñez. La diferencia radica en que aún no es 19 y que, cuando al fin lo sea, en esta oportunidad no será jueves, sino viernes.

Es que un día antes de mi cumpleaños me da por vagar en los rincones del corazón. Estoy a escasas horas de cumplir 36 años y es un año un tanto particular. Y es así porque es el año del “bi-decanato” y las palabras de Gardel y Le Pera se me hacen añicos en el corazón al pensar que veinte años es demasiado tiempo sin que estés con nosotros. Este es el año en que se cumplen tantos desde que te tomaste el bondi al barrio de más allá de las constelaciones.

Te tengo malas noticias: si pensaste que nos íbamos a olvidar de vos, perdiste. No fue así, ni lo será nunca. Tal vez tenga ganas de ponerte al tanto de cómo han cambiado un par de cosas por acá abajo, sólo para que sepas de lo que te perdiste.

El mundo ha cambiado tanto que en tu Buenos Aires querido ya no existen los taxis Siam Di Tella y los furgones han dejado de ser Rastrojero. Han sido cambiados por Autos y Camionetas de última generación que hasta tienen reproductores de CD. ¿Cómo que no sabés lo que es un Cd? ¡No te hagas el boludo! ¿Viste los LP de Vinilo? Bueno, son iguales sólo que más chicos y plateados pero no usan púas sino un láser que lee los tracks. Ya sé que no entendés un carajo, pero sirven para lo mismo, escuchar música. Si pudieras escuchar los discos de Gardel “remasterizados” te caes de culo.

¿Querés que te cuente de los colectivos? Ya no tienen más esos boletos tan simpáticos de todos colores, ya no pude continuar con nuestra colección de boletos de numeración capicúa, pero espero entiendas que no fue mi culpa. El gobierno de turno de alguna lejana época los trocó por unas máquinas insípidas que al ponerle monedas te escupen boletos en papel de fax. ¿Qué es un fax? ¡No importa! Sigamos con los colectivos.

Tenés que saber que han matado el filete y le han dado vida a unas líneas gruesas con alguna curva en forma de ángulo de color acorde a la línea de ómnibus. Lo bueno es que ahora tienen rampas por las cuales puede ascender una silla de ruedas.

No todas son malas: San Lorenzo tiene cancha, por fin. No, no está en Almagro, está en el Bajo Flores. Y hasta hubo un año en el que salieron campeones. Ya nos hemos mudado de donde vivíamos con vos, pero a pesar de ser de River, una de las primeras cosas que puse en mi habitación fue un banderín de tu equipo. Es mi manera de homenajearte y de agradecerte la pasión que me inculcaste por la pelota.

¿Te acordás de cómo juntabas las monedas durante dos meses para llevarnos a mí y a mi hermana al Italpark? Es tremendo lo que voy a contarte pero desde hace unos años, ese hermoso lugar al que nos llevabas durante nuestra infancia, ya no existe. Hoy es un gran parque habitado por esculturas de gordos. Y esto es así porque hubo un accidente tremendo en el cual falleció una chica. Algún encargado de mantenimiento de las atracciones se olvidó de hacer su trabajo robándonos la niñez. Cosas que pasan y que, por cierto, no deberían.

Por mi parte yo estoy muy bien. He crecido acorde pasaron estos veinte años: me formé, me deformé, me volví a formar y aquí andamos. Me acuerdo del último cumpleaños que festejamos con vos; ahí estabas, haciendo alarde de que tu hijo había dicho en la mesa la palabra “globalmente” ¿Qué dirías hoy si supieras que tu hijo pretendió ser escritor publicando un libro? ¿Cómo te sentirías al conocer que hay al menos dos personas que admiran a tu primogénito por sus letras? A mí me sorprende, espero que a vos te enorgullezca.

Tenemos perro, se llama Toby y tiene once años, se parece mucho a vos, lo digo por lo negro y cabezón.

Tu hija está preciosa, ya tiene treinta y una vida brillante por delante al lado de su compañero: un hidalgo caballero funebrero que gracias a Dios la ama como ella se merece.

¿Y qué te puedo decir de la vieja? Nos dio vida dos veces: la primera cuando nos parió y la segunda cuando vos te fuiste. A ella le debemos demasiado y como buen hijo ingrato, hubo ocasiones en los que no le pagué los sacrificios como realmente se merece.

Si bien no me casé, digamos que estoy en la parrilla y a fuego lento, si bajás un poco en la pantalla podrás ver sus ojos, su mirada es escandalosamente bella. ¿No tenés internet? No importa, vos la ves desde otro plano, desde ese lugar donde monitoreas todo lo que hacemos.

Pasaron veinte años y estamos todos más viejos, más duros, más insensibles. La vida rueda y gira, la gente va y viene. Nacemos, crecemos y volvemos a morir en vida mientras nos preparamos para volver a nacer. Sentimos que caemos, nos levantamos. Y ahí estás vos: MI VIEJO, en mí, en la vieja, en mi hermana. En cada cosa. En cada lugar.

Es más el tiempo que pasó de no tenerte del que te tuvimos pero hoy, a pocas horas de mi cumpleaños tuve ganas de escribirte a vos. Para que sepas que no pasa un solo día en el cual no me asalte tu recuerdo. Y si bien tuve muchas broncas reprimidas por no tener la posibilidad de putearte en la cara, me siento feliz de ser tu hijo. Tu pibe. Y estas lágrimas que se piantan por el costado de mis ojos que me avisan que es hora de agradecerte cada FELIZ CUMPLEAÑOS que me mandas desde tu morada celestial.

Fernando A. Narvaez
Hijo del Baby (1935 – 1986)

Update 19/05/06: Vaya de parte del Duende, un saludo enorme para dos bloggers de categoría: Chiara Alice, bloggera italiana que supo traducir al Duende a su idioma. Y a mi hermano Neuquino Gons, quien ilustro con palabras la contratapa de mi libro. A los dos Feliz Cumpleaños y mil gracias por todo.

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