Te había descubierto entre los códigos de Da Vinci y algún que otro caballo de Troya galopando por el lugar. Brown y Benítez se habían convertido en testigos cómplices, mudos y silenciosos de esa especie de magia y química que explotaba en el ambiente. La voz de Sabina perforaba el aire frío y hosco del lugar transformándolo en cálido y suave.

Yo era testigo también y no pude dejar de notar el cambio radical en su actitud.
Vos, con un par de ojos delicadamente claros y una sonrisa en el lugar justo ante el comentario certero, hiciste que él desplegara parte de su histrionismo y su casi bastante picardía entre seriedad, risas y "demás".
Fuiste la última en salir del local mientras él sacaba la basura, le gritaste que volverías a contarle acerca de sus recomendaciones y él, silencioso y expectante, volvió a creer y a esperar.

Me contó que estabas de paso, que eras de otra ciudad, de otra parte del mundo o de algún lejano planeta. Me habló de lo maravillada que te sintió con relación a tu padre, le nombraste a tu hermana y él sentía la necesidad de dejarse vencer.

Pasaron los días y él volvió a ser el mismo tipo "profesional" en su trabajo. Hasta que una tarde me lo crucé en el fondo y noté el brillo en sus ojos. ¡Habías vuelto! Te había dejado probando un disco y se tuvo que ir a fumar un cigarrillo. Sus manos transpiraban. Me dijo que te le paraste enfrente y le preguntaste si se acordaba de vos.
No me corresponde a mí decirte qué tan grande era el recuerdo, supongo que lo hará él en el momento indicado si tiene que ser. Sólo sé que sí, se acordaba de vos.

Te quedaste en el negocio mucho más tiempo de lo normal. Vi que él lo único que hacía era ofrecerte cosas que sabía no ibas a comprar. Tenia que estar cerca tuyo y no tenía muy claro el por qué, sólo lo sentía. Aunque el por qué no le interesaba.
Vi como escribió algo en un papel y te lo daba en la mano, me di cuenta que pretendía otro tipo de contacto. Más tarde me enteré que te había anotado su dirección de correo electrónico, con la inútil esperanza de que le escribieras.

Y como volviste te fuiste. Él no sabía cómo hacer para retenerte, era inevitable que te fueras y se extendió para robarte un beso al que amablemente accediste. El solo contacto de tu mejilla sobre la suya, lo cortó.

Hace unos días que no voy a trabajar porque me debían unas horas. Hoy me llamó y me contó que volviste, que en realidad no te habías vuelto a tu ciudad. Me hizo reír con el comentario de que los nervios lo habían traicionado al darte mal su correo y, ocultándose detrás del "siempre me pasa lo mismo" te lo volvió a dar. Estaba encantado con el mail que había recibido a la noche donde le agradecías su buena onda y le decías que te caía "super-bien"
No tardó en contestarte y vos en devolverle la respuesta en una cadena de correos que terminó en una propuesta: "¿Café o cerveza?" y vos le respondiste un sí en forma de "Prefiero un Cabernet Sauvignon"

No sé quién sos. A él, seguramente, lo conozco un poco más. Sólo creo en lo que veo y entre ustedes vi, Química y Magia. Espero que se disfruten sea lo que sea que les toque vivir.

Fernando A. Narvaez