Sabido es que el destino influye en la vida de la gente. O la gente cree que su vida está prefijada por el destino. Todo es atribuido a su supuesta presencia, haciendo depender de él hasta de qué lado cae la tostada. Esta es la historia de una dama que estaba, quiérase o no, predestinada a vivir su vida de la manera y en el lugar que la vivió.


Los trenes de Buenos Aires no son lo que se puede llamar, precisamente, un “lujo”. Si bien hay ramales en los que las comodidades pueden considerarse “medias”, en la mayoría de los casos, las condiciones de viaje son “deplorables”
Sin hablar del servicio que brinda la concesionaria de turno que deja todo que desear, los trenes son el paraíso del vendedor ambulante y de más de un carenciado que, en muchos casos, prefiere mendigar a trabajar. ¡Ojo! No se te ocurra no darle nada porque la cantidad de maldiciones que te endilgan, harían estallar los mismísimos cimientos de Babilonia.
De un viaje en tren podés bajar con un reloj nuevo, con medias, con el auricular potente y letal importado directamente de “Sony”, con las pilas que te van a salvar el viaje (sólo el viaje), con curiosas golosinas víctimas del 3×2 ó el 4×2 y, demás etc. Todo esto, hoy lo podés llevar, en promoción directa de su importador / fábrica, tan sólo por dos pesos. “Do pesito’ e’ lo que vale”.
Además, podés tener el diario “La Razón” por diez ó veinte centavos de mano de los pibes, que deberían estar en el colegio, que te lo importan directamente del subte donde lo distribuyen gratis.
En un viaje en tren tenés: el que toca el bandoneón, el coya con su charango y su quena a las 7 de la mañana, los folcloristas con guitarra y bombo a las 8 (no pretendas leer o dormir), el manco que pide, el sordo que toca la armónica, el ciego que te vende anteojos 3D para que veas cine infantil, la estampita de San Roque, el monedero, el costurero, el etc. Tenés a Maxi que perdió su pierna en un accidente de tránsito en el cual el conductor “se dio a la fuuuuuga” y que, hace dos años, está tratando de conseguir los dos mil pesos que cuesta la prótesis. No quiero sacar la cuenta, pero si en dos minutos que tarda por vagón, consigue un promedio de tres pesos y hace dos años, mínimo, que anda por los trenes. ¿Le faltará mucho para conseguir ese dinero y comprarse la prótesis para poder empezar a trabajar?
Pocos ejemplos para la verdadera magnitud de la fauna ferroviaria, si sos de un corazón enorme, te podés quedar sin sueldo en un viaje de Retiro a José León Suárez.

De todos los trenes que recorren la ciudad y la provincia a diario, hay uno que se puede considerar “maldito”. El mismo está destinado a una sola persona y es imperceptible a la vista y a las sensaciones del pasajero común.

Florencia Inzaurralde nació el sábado 20 de noviembre de 2004 en la Clínica de la Trinidad en Palermo. Hija menor de un obrero de la construcción y una mujer que trabajaba limpiando la mansión de los Martínez Etcheverry, familia acaudalada de la zona de San Isidro, nació en dicha clínica gracias a la caridad de Doña María de las Mercedes Martínez Etcheverry que hizo que su medicina prepaga atendiera a Inés, su madre, evitando el Hospital Municipal de la zona.
A Inés le dieron el alta el lunes 22 de noviembre, volvía a Virreyes de donde eran oriundos los Inzaurralde. En Retiro mamá Inés, papá Jorge y Mariana, la hija mayor del matrimonio, tomarían el tren de las 17:01 con destino Tigre, el mismo que llevaría por primera vez a Florencia a su casa. El tren, curiosamente, partió en horario.

17:01 (Est. de Retiro)
Al cruzar la puerta del tren y meterse en él, Florencia, a pesar de tener horas de vida, sintió que algo cambiaba dentro suyo, comenzó a percibir olores, escuchar voces definidas y a entender lo que se decía en todo el vagón. Con el tren en marcha, comenzó a mirar por la ventana y notó que poco a poco, su altura le permitía ver a través de los vidrios, abandonó los pañales, comenzó a caminar y empezó a identificar las cosas. Conoció las flores, los colores y las formas, entre vendedores y solicitantes de caridad. Al llegar a la siguiente estación, Florencia era casi un capullo de 10 años, había ido al jardín de Infantes y estaba en plena educación primaria.

17:14 (Est. Lisandro de la Torre)
Con el andar parejo del tren, Florencia fue creciendo acorde pasaba el tiempo. Terminó su educación primaria e ingresó en el colegio secundario para estudiar contabilidad, materia que siempre le había gustado. Se hizo “señorita” y conoció el amor de la mano de David, un joven estudiante que vivía en la misma zona que su familia. Pero la vida es cruel a veces y, por un lado te brinda y por el otro te quita, conoció la muerte a la edad de 16 años cuando su papá Jorge, falleció víctima de un cáncer fulminante. Al momento de recibirse de bachiller contable su madre fue quien recibió su diploma mientras su hermana Mariana y su novio David la aplaudían entre el público. El tren llegaba a la siguiente estación.

17:16 (Est. Belgrano C)
A los 20 años, nuestra Florencia, había conocido buena parte de la vida. Conocía la muerte pero sobre todo conocía el amor. David había sido un gran compañero, se amaban y habían prometido casarse cuando ella terminara su carrera. Estudiaba para Contadora Pública y era una gran alumna, con lo cual eso se produciría rápidamente.

17:18 (Est. Núñez)
Con 25 años se recibió con Diploma de honor y consiguió trabajo en un prestigioso estudio. David era diseñador gráfico y con ambos sueldos pudieron comprarse su casa y casarse. Florencia era feliz ya que podía devolverle a su madre un poco de todo lo que ella le había dado.

17:21 (Est. Rivadavia)
Martín, su primer hijo había nacido una mañana de noviembre cuando Flor tenía 30 años. Ya había adquirido la experiencia suficiente como para poder montar su propio estudio, su primer cliente había sido su marido. Al ser independiente pudo dedicarse a su hijo plenamente y se convirtió en una gran madre. Sólo esperaba que su hijo pudiese crecer, a diferencia de ella, con su padre al lado.

17:23 (Est. Vicente López)
Nayla, su segunda hija, nació con un peso de 3,600 kg. Era una bebe saludable que coincidió en fecha con su primer sobrino. Pero una vida llena de nacimientos no puede ser disfrutada a pleno, porque están quienes llegan, pero existen también los que se van. Cuando Florencia había pasado los 35 y llegando a la siguiente estación, la muerte se encaprichó con mamá Inés y se la llevó una tarde de septiembre, luego de haber criado dos hijas espléndidas y empezando a malcriar tres nietos preciosos.

17:26 (Est. Olivos)
Martín ya tenía 10 años y Nayla 5, habían crecido sin carencias y sus padres eran felices. De todas formas se habían encargado de que ambos aprendieran a perder, siempre les repetían: “Para saber estar arriba hay que aprender a estar abajo”. Bajo esta premisa los criaron. Así fue que con 15 años, martín se puso a trabajar en un puesto de diarios ya que, por negligencia, le dio el primer nieto al matrimonio. Florencia y David colaborarían con él, pero Martín no permitió que se lo mantengan.

17:28 (Est. La Lucila)
A los 45 años Florencia ya era abuela y a David, el cigarrillo había empezado a complicarle las vías respiratorias. Florencia empezó a preocuparse, si bien no iba a tener problemas económicos, no sabía lo que era vivir sin amor, sin su amor. Nayla crecía a pasos agigantados y pudieron hacerle la mejor fiesta de 15 años que hubiera soñado. Fue la última fiesta de David.

17:30 (Est. Martínez)
Con 50 años, viuda, dos hijos, un nieto y otro por llegar. Florencia recibió el mismo diploma que había recibido su madre, pero ésta vez era Nayla la que se lo regalaba a ella. Martín era padre por segunda vez y ya tenía su propio puesto de diarios. Hacía tres años había fallecido David y si bien era muy difícil sin él, la resignación había logrado que sobreviviera a fuerza del cariño de sus nietos.

17:32 (Est. Acassusso)
Nayla se había casado con un sujeto de no muy buena vida. Había tenido un hijo con él pero no sólo le era infiel sino que, además, le pegaba. Martín casi termina preso por intentar hacer justicia por mano propia y mandarlo derecho al hospital. Para Florencia, a sus 55 años, todo esto le había traído problemas de salud y la había tenido internada mucho tiempo.

17:35 (Est. San Isidro)
El mal tiempo pasó, el ex marido de Nayla terminó preso y volvió a reinar la calma. Pero para Flor a sus 60 años todo el embrollo le había regalado un cáncer. Enfermedad que no la detendría así nomás. Luchó contra él y le ganó o, al menos, lo relegó a un segundo plano.

17:38 (Est. Béccar)
A los 65 años y después de cuarenta años de carrera, Florencia decide retirarse y su estudio quedó en manos de Nayla. Decidió disfrutar de la vida y comenzó a viajar por el mundo. Se había hecho una buena posición y con la ayuda de sus hijos. Pudo darse los gustos que quiso sin desenfocar su centro: La familia.

17:42 (Est. Victoria)
Pero no todo fue bien. El cáncer, camuflado entre su felicidad, se manifestó pero de manera contundente esta vez. Y no hubo retorno.

17:44 (Est. Virreyes)
El lunes 22 de noviembre de 2004 a 43 minutos de haber subido al tren, a los 75 años y después de haber estado en una cama los últimos 2 años, Florencia Inzaurralde falleció víctima del cáncer. Pero se fue tranquila. Sus hijos y su nietos habían sido bien criados y su familia estaba encaminada.

Inés y Jorge Inzaurralde bajaron del tren en Virreyes con su bebe en el cochecito. Nunca supieron que la vida de esa hija ya estaba vivida. El destino ya la había consumido en ese tren. Cómo sería su vida de ahí en adelante. Sólo Dios sabría.

Fernando A. Narvaez

PD: Si llegaste hasta acá después de lo largo de este texto, no te pierdas las dos líneas de lo último en: Anhedonia